{"id":14058,"date":"2011-12-02T19:05:35","date_gmt":"2011-12-02T23:05:35","guid":{"rendered":"http:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/dia-internacional-del-medico\/"},"modified":"2011-12-02T19:05:35","modified_gmt":"2011-12-02T23:05:35","slug":"dia-internacional-del-medico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/dia-internacional-del-medico\/","title":{"rendered":"D\u00eda Internacional del M\u00e9dico"},"content":{"rendered":"<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14057\" data-permalink=\"https:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/dia-internacional-del-medico\/finlay5473457568\/\" data-orig-file=\"https:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/finlay5473457568.jpg\" data-orig-size=\"200,250\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"finlay5473457568\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/finlay5473457568.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/finlay5473457568.jpg\" class=\" alignleft size-full wp-image-14057\" src=\"http:\/\/sosuaonline.net\/inicio\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/finlay5473457568.jpg\" width=\"200\" height=\"250\" alt=\"finlay5473457568\" class=\"caption\" style=\"float: left;\" \/>El 3 de diciembre se conmemora, desde que fue acordado en 1946 por la Confederaci\u00f3n M\u00e9dica Panamericana, el D\u00eda Internacional del M\u00e9dico, que reivindica el aporte del m\u00e9dico cubano Dr. Carlos J. Finlay, al descubrimiento del Aedes Aegipty como trasmisor de la Fiebre Amarilla.<\/div>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Carlos Juan Finlay naci\u00f3 en la ciudad de Camag\u00fcey, Cuba, el d\u00eda 3 de diciembre del a\u00f1o 1833. Fueron sus padres, Eduardo, escoc\u00e9s, e Isabel de Barr\u00e9s, francesa. Es, por consiguiente, como el otro gran antillano, Alejandro Hamilton, v\u00e1stago ilustre de dos grandes nacionalidades: Francia y Escocia. En la primera infancia a\u00fan, pas\u00f3 con su familia a la Habana, residiendo hasta la edad de once a\u00f1os en esta capital y en Guan\u00edmar, donde pose\u00eda su padre uno de los cafetales que por aquella \u00e9poca enriquec\u00edan y hermoseaban la zona de Alqu\u00edzar. All\u00ed la vida del campo probalemente despert\u00f3 en \u00e9l la vocaci\u00f3n por los estudios de la naturaleza, mientras que recib\u00eda, al mismo tiempo, esmerada educaci\u00f3n de su t\u00eda Ana, que hubo de dejar una escuela que ten\u00eda en Edimburgo para venir \u00e1 vivir al lado de su hermano.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>A la edad de once a\u00f1os, en 1844 fue enviado a Francia donde prosigui\u00f3 su educaci\u00f3n escolar en el havre hasta el a\u00f1o 1846, en que tuvo que regresar a Cuba por haber sufrido un ataque de corea. Esta afecci\u00f3n dej\u00f3 en \u00e9l la huella de cierta tartamudez de que cur\u00f3 por una ense\u00f1anza met\u00f3dica que instituy\u00f3 su padre, sin que haya desaparecido nunca por completo cierta lentitud y dificultad que caracterizan su lenguaje hablado y que parecen proceder m\u00e1s bien de la mentalidad que de un defecto de articulaci\u00f3n. Volvi\u00f3 a Europa en 1848, para completar su educaci\u00f3n en francia; pero la revoluci\u00f3n de aquel a\u00f1o le oblig\u00f3 \u00e1 permanecer en Londres, y cerca de un a\u00f1o en Maguncia. Ingres\u00f3 por fin en el Liceo de Rouen, donde prosigui\u00f3 sus estudios hasta el a\u00f1o 1851, en que tuvo que volver \u00e1 Cuba a convalecer de un ataque de fiebre tifoidea.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Se trat\u00f3 entonces de hacer valer sus estudios hechos en Europa con el fin de ganar el bachillerato e ingresar en la Universidad de la Habana para el estudio de la medicina; pero no siendo esto posible, tuvo que pasar a Filadelf\u00eda donde no se exig\u00eda, para cursar los estudios m\u00e9dicos, grado alguno de facultad menor. Curs\u00f3, en Filadelf\u00eda, la carrera de medicina, doctor\u00e1ndose el 10 de marzo de 1855, en el Jefferson Medical College, plantel donde hab\u00edan estudiado antes Brown S\u00e9quard y Marion Sims. Entre los profesores de aquella facultad, el que parece haber m\u00e1s honda impresi\u00f3n en la mente del joven Finlay, fu\u00e9 John Kearsly Mitchell, el primero, tal vez en enunciar y mantener de una manera sistem\u00e1tica, la teor\u00eda microbiol\u00f3gica de las enfermedades. El hijo de este profesor, hoy el famoso S. Weir Mitchell, reci\u00e9n llagado entonces de Par\u00eds, de las aulas de Claude Bernard, como preceptor particular del joven cubano y profesor auxiliar en la escuela fildelfina, debi\u00f3 de influir tambi\u00e9n favorablemente en el desenvolvimiento del genio de nuestro paisano. Estableci\u00f3se entre los dos una buena amistad que se ha mantenido hasta la fecha. Fu\u00e9 Finlay, me escribe el doctor mitchell, el primer alumno que tuve, y dirig\u00ed sus estudios durante tres a\u00f1os.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En vano le inst\u00e9 para que se estableciese en Nueva York donde resid\u00edan \u00e1 la saz\u00f3n muchos espa\u00f1oles y cubanos, consejo que, por fortuna, hubo de desantender. El Dr. Finlay revalid\u00f3 su t\u00edtulo en la Universidad de la Habana el a\u00f1o 1857.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Domina en la familia de los Finlay, seg\u00fan le he o\u00eddo a nuestro biografiado, un esp\u00edritu de aventuras. Su padre ejerci\u00f3 la medicina en diversos lugares y pa\u00edses, y uno de sus t\u00edos combati\u00f3 por las libertades americanas en los ej\u00e9rcitos de Bol\u00edvar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Reci\u00e9n graduado, en 1856, pas\u00f3 Carlos J. Finlay a Lima, con su padre, y despu\u00e9s de probar fortuna durante algunos meses, volvi\u00f3 a la Habana. De nuevo repiti\u00f3 la tentativa en el a\u00f1o siguiente con el mismo resultado. En 1860-61 estuvo en Par\u00eds, frecuentando las cl\u00ednicas de los hospitales y dedic\u00e1ndose a estudios complementarios. En 1864, intent\u00f3 establecerse en Matanzas, experimento que dur\u00f3 tambi\u00e9n pocos meses. Dondequiera que iba, dedic\u00e1base al ejercicio de la medicina en general, especializando algo en la oftalmolog\u00eda. Cas\u00f3 el Dr. Finlay en la Habana, el 16 de octubre de 1865, con la Srta. Adela Shine, natural de la Isla de Trinidad, mujer adornada de notables dotes intelectuales que, con tierna fidelidad, puso siempre al servicio del esposo El matrimonio ha constitu\u00eddo una familia respetabil\u00edsima por todos conceptos en la sociedad habanera. Adem\u00e1s de los viajes ya mencionados, el Dr. Finlay sali\u00f3 de Cuba en junio de 1869, para visitar con su esposa el lugar del nacimiento de \u00e9sta, la Isla de Trinidad, y retorn\u00f3 a la Habana en diciembre del mismo a\u00f1o. Pas\u00f3 tambi\u00e9n los \u00faltimos meses del a\u00f1o de 1875 en Nueva York por la salud de su esposa. En el a\u00f1o 1881, fue a Washington como representante de Gobierno colonial ante la Conferencia Sanitaria Internacional all\u00ed reunida y escogi\u00f3 aquella ocasi\u00f3n para enunciar por primera vez su teor\u00eda de la transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla por un agente intermediario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al estallar la guerra hispanoamericana, el Dr. Finlay, que ten\u00eda entonces sesenta y cinco a\u00f1os, pas\u00f3 a los Estados Unidos a ofrecer sus servicios al Gobierno americano, \u00e9 insistiendo con su amigo el Dr. Sternberg, Jefe entonces de la Sanidad militar, tuvo \u00e9ste que enviarlo a Santiago de Cuba, donde hizo vida de campa\u00f1a con las tropas sitiadoras, manteniendo, como lo hac\u00eda en todas las ocaciones oportunas, las ventajas que a las mismas reportar\u00eda la aceptaci\u00f3n de sus opiniones sobre la transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al volver a la Habana en el a\u00f1o 1898, el Dr. Finlay se dirigi\u00f3 a los oficiales de la Sanidad Militar americana, el Gobierno y la Prensa m\u00e9dica de los Estados Unidos, proponiendo su nuevo plan de campa\u00f1a contra la fiebre amarilla, el mismo que, aceptado m\u00e1s tarde, hubo de desarraigar en nuestro territorio la secular endemia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hermoso espect\u00e1culo, que no olvidar\u00e1 el que esto escribe, fue la recepci\u00f3n que hizo el Dr. Finlay a las comisiones cient\u00edficas que vinieron, a la sombra del nuevo pabell\u00f3n, a estudiar la fiebre amarilla. Con entusiasmo generoso explica sus doctrinas, mostraba sus copiosas notas, sus experimentos, sus aparatos, sus mosquitos, y se ofrec\u00eda para coadyuvar en cualquier forma a las experiencias que se hiciesen.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Dr. H. E. Durham que, con el Dr. Walter Myers, pasaba en Comisi\u00f3n de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool a estudiar la fiebre amarilla en el Brasil, se detuvo algunos d\u00edas en la Habana e informaba a su escuela en los t\u00e9rminos siguientes: Es un hecho incontrovertible que el Dr. Carlos Finlay de la Habana, fu\u00e9 el primero en establecer la experimentaci\u00f3n directa para probar sus ideas sobre el papel que desempe\u00f1a el mosquito en la transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla. Su m\u00e9todo consit\u00eda en alimentar al mosquito con sangre de casos de fiebre amarilla antes del sexto d\u00eda de la enfermedad y aplicarlos despu\u00e9s, con un intervalo de 48 horas a 4 \u00f3 5 d\u00edas, a personas susceptibles. Su idea era producir una infecci\u00f3n ligera con el objeto de obtener la immunidad. En una agradable conversaci\u00f3n que tuvimos con el amable doctor el 25 de julio de 1900, nos inform\u00f3 de numerosos detalles de sus experimentos comenzados en el a\u00f1o 1881&#8230;La clase de mosquito escogido por el Dr. Finlay para sus experiencias era el Stegomyia fasciata, que \u00e9l llamaba Culex mosquito. Hubo de fijarse en esta especie por ser el mosquito de las ciudades. Igual acogida tuvo la Comisi\u00f3n de m\u00e9dicos de ej\u00e9rcito americano a la cual entreg\u00f3 \u00e9l mismo los mosquitos con que comenzaron las experiencias que hab\u00edan de confirmar definitivamente la doctrina que ven\u00eda sosteniendo desde veinte a\u00f1os atr\u00e1s. \u00a1Con qu\u00e9 generoso inter\u00e9s sigui\u00f3 las experiencias de esta Comisi\u00f3n, reconocido desde luego la imperfecci\u00f3n de sus propios m\u00e9todos, admirando con candor infantil los procedimientos nuevos bacteriol\u00f3gicos y los resultados demonstrativos que se iban obteniendo, admiraci\u00f3n de la obra en s\u00ed y que, com demnstraciones de verdadero afecto, extend\u00eda a los protagonistas de la obra, los miembros de la Comisi\u00f3n, y los individuos que se presentaban a las inoculaciones! En el a\u00f1o 1902, al terminar la primera intervenci\u00f3n americana, el Gobierno de la Rep\u00fablica, por indicaci\u00f3n del Dr. Diego Tamayo, Secretario de Gobernaci\u00f3n, hizo justicia a nuestro ilustre compatriota, nombr\u00e1ndole Jefe de Sanidad de la Rep\u00fablica y Presidente de la Juanta Superior de Sanidad. Despu\u00e9s de esta fecha de sus comarcas eran producidas por las picaduras de mosquitos, y los escritos de Nott, Beauperthuy y King. El que siga estos autores cronol\u00f3gicamente puede imanigarse, a primera vista, que est\u00e1 siguiendo el proceso de evoluci\u00f3n de una gran doctrina; pero pronto se encuentra encerrado en un c\u00edrculo vicioso que le vuelve a traer a los negros de Africa; ninguno tocaba en la clave del problema &#8211; la transmisi\u00f3n de un par\u00e1sito del enfermo al sano. Parece, por un momento, que Beauperthuy, por lo menos, se\u00f1ala la especie de mosquito, \u00abel zancudo bobo, a pattes ray\u00e9es de blanc\u00bb como el culpable de la infecci\u00f3n amarilla; pero estudiando bien su obra, se ver\u00e1 que ni el mosquito de Beauperthuy es la estegom\u00eda, ni tampoco lo se\u00f1al\u00f3 \u00e9l como agente productor de la fiebre; al contrario, lo desechaba por ser un mosquito casero, precisamente la raz\u00f3n en que se fundaba Finlay para escogerlo entre todos los dem\u00e1s; el franc\u00e9s imaginaba algo que pudiese traer la fiebre de los pantanos y de las materias en descomposici\u00f3n; el cubano ve\u00eda la transmisi\u00f3n de hombre a hombre; ah\u00ed est\u00e1 la diferencia fundamental: aquello era una quimera, esto era la verdad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>No es s\u00f3lo en el campo de la fiebre amarillo que el Dr. Finlay se hace acreedor a la gratitud universal. La inventiva de su claro ingenio descubri\u00f3, o dio forma pr\u00e1ctica, a la soluci\u00f3n del problema del t\u00e9tanos infantil. En el 1903, el Dr. Finlay fij\u00f3 su atenci\u00f3n en este importante asunto y, con una precisi\u00f3n verdaderamente admirable, sugiri\u00f3 al Dr. D\u00e1valos que examinase bacteriol\u00f3gicamente el pabilo que el pueblo usaba para la ligadura del cord\u00f3n umbilical. La investigaci\u00f3n dio por resultado que, efectivamente, esta cuerda suelta de algod\u00f3n era un nido particularmente rico en bacilos del t\u00e9tanos. En aquel mismo a\u00f1o sugiri\u00f3 el Dr. Finlay la preparaci\u00f3n de una cura as\u00e9ptica para el ombligo, la cual, desde entonces, viene distribuy\u00e9ndose gratuitamente, en paquetes cerrados, por el Departamento de Sanidad, habi\u00e9ndose reducido, en consequencia, la mortalidad por el t\u00e9tanos de 1,313 en el a\u00f1o 1902 a 576 en el a\u00f1o 1910. La laboriosidad del Dr. Finlay es pasmosa. En medio del trabajo constante de su prefesi\u00f3n y de la producci\u00f3n frecuente de escritos sobre asuntos de Patologi\u00e1 y de Terap\u00e9utica, en los que se adelanta generalmente a sus compatriotas, como puede verse en sus trabajos sobre la filaria y el c\u00f3lera, encuentra tiempo por ejemplo, para descifrar un antiguo manuscrito en lat\u00edn, haciendo acopio de datos en fuentes hist\u00f3ricas, her\u00e1ldicas y filol\u00f3gicas para comprobar que la Biblia en que aparece el escrito hubo de pertenecer al Emperador Carlos V en su retiro de Yuste, o trabaja en la resoluci\u00f3n de problemas de ajedrez, de altas matem\u00e1ticas o de filolog\u00eda; o elabora complicadas y originales teor\u00edas sobre el Cosmos, en las qu\u00e9 figuran hip\u00f3tesis atrevidas sobre las propiedades de las substancias coloideas y el movimiento en espiral. M\u00e1s recientemente, en medio de la labor mec\u00e1nica y cansada de una gran oficina del Estado, y cumplidos ya los setenta a\u00f1os, se familiariza, hasta conocer a fondo toda la doctrina de la inmunidad y las teor\u00edas de Metchnikoff, Ehrlich, Muchner, presentando su propia concepci\u00f3n del intrincado problema.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La designaci\u00f3n del Gobierno para enviarle como representante al Congreso de Higiene y Demograf\u00eda de berl\u00edn en 1907, espolea aquellas grandes energ\u00edas y revive los estudios sobre la influencia de la temperatura en la propagaci\u00f3n de la fiebre amarilla por su acci\u00f3n sobre el mosquito, estudios que, en sus principios, hab\u00edan contribuido a fijar en su mente la teor\u00eda que le ha hecho inmortal. Esta fue la \u00faltima producci\u00f3n de aquel claro ingenio, antes de que apagase su lumbre la sombra de los a\u00f1os. La obra de Finlay puede resumirse en muy pocas palabras; \u00e9l descubri\u00f3 que la fiebre amarilla se transmit\u00eda por la picadura del mosquito estegom\u00eda, y \u00e9l invent\u00f3 un m\u00e9todo seguro para la extinci\u00f3n de la enfermedad. Contemplando los beneficios que a la humanidad reporta la labor de nuestro compatriota, dec\u00edamos en el primer Congreso M\u00e9dico Nacional: \u00abY si nuestra satisfacci\u00f3n es grande, se\u00f1ores, cu\u00e1l no ser\u00e1 la del hombre, tan insigne como modesto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Aportes: Dr. Ricardo J. Caritat, ex Secretario General de la Confederaci\u00f3n M\u00e9dica Panamericana<\/div>\n<div>&nbsp;fuente: <a href=\"http:\/\/www.diariosalud.net\/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=24155&amp;Itemid=258\">www.diariosalud.net&nbsp;<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 3 de diciembre se conmemora, desde que fue acordado en 1946 por la Confederaci\u00f3n M\u00e9dica Panamericana, el D\u00eda Internacional del M\u00e9dico, que reivindica el aporte del m\u00e9dico cubano Dr. Carlos J. 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