OPINION: El día que la diáspora se canse, se apaga el país
Un día de estos el país se va a apagar. No por un apagón de Edeeste. Se va a apagar porque se cansó la gente que lo mantiene prendido desde afuera: la diáspora.
Somos 11 millones aquí. Pero hay otros 2.5 millones allá. Y esos 2.5 millones mueven más dinero que muchos ministerios juntos.
Cada mes entran más de 800 millones de dólares en remesas. Eso es comida en la mesa, pago de colegio, medicinas para la abuela, bloques para terminar la casa. Es el salario 13 que nunca da el Gobierno.
Mientras aquí se discute de presupuesto, allá un hermano en Lawrence manda 200 dólares y resuelve el mes completo de una familia. Sin licitación, sin auditoría, sin excusas.
¿Y SI UN DIA DICEN «YA NO»?
Pregúntate esto: ¿Qué pasa el día que la diáspora se canse?
El día que se cansen de trabajar doble turno. El día que se cansen de que aquí se roben lo que ellos mandan. El día que se cansen de pedir y que solo les den promesas en campaña.
Ese día se apaga el colmado del barrio. Se queda la universidad a mitad. Se para la construcción de la casa. Se apaga el país real, el de la gente.
Porque seamos honestos: el Estado no suple lo que la diáspora suple. Si mañana cortan las remesas, el Gobierno no tiene plan B para esas 3 millones de familias que dependen de ese dinero.
CANSANCIO NO ES FALTA DE AMOR
Que se cansen no significa que dejaron de amar República Dominicana. Significa que se cansaron de ser el plan de emergencia del país.
Se cansaron de ser banco, de ser seguro médico, de ser Ministerio de Obras Públicas con cada dólar que envían. Se cansaron de construir un país desde afuera mientras aquí adentro muchos se dedican a administrar excusas.
La diáspora ama tanto a República Dominicana que dejó su familia para mantenerla. Pero el amor también se agota cuando solo se pide y nunca se cuida.
ANTES DE QUE SE APAGUE, HAY QUE ACTUAR
Este artículo es una advertencia con cariño. A los de aquí: valoren a los de allá. Dejen de verlos como cajeros automáticos. Denles voto, denles respeto, denles seguridad jurídica para que inviertan.
Y a los de allá: no se cansen del todo. Cánsense de las injusticias, pero no de su gente. Porque mientras ustedes no suelten, el país sigue respirando.
CONCLUSION
República Dominicana no se sostiene solo por turismo ni por zonas francas. Se sostiene por la fe, el sudor y los dólares de su diáspora.
El día que ellos se cansen y apaguen el switch, vamos a entender qué tan a oscuras estábamos dependiendo de su luz.
Ojalá ese día nunca llegue. Pero para que no llegue, el Gobierno tiene que aprender a prender su propio bombillo.


