Receta y otra historia

Lo primero es la lluvia. No es que tiene que caer un aguacero obligado cuando se prepara sancocho, pero si cae al menos una “jarinita”, todo sale y sabe mucho mejor. Y si es un aguacero, que pase, que acabe de llover, que tampoco es a un diluvio a lo que invitaste a la gente. Fue a comer sancocho.
Si en tu casa hay buenos techos, que llueva to’ lo que quiera, la lluvia es puro sabor a sancocho. Si pasa la lluvia, que deje ese ambiente de bebida, ¿tú me entiendes? No es que vas a abrir un colmado, no señor, pero ambiente de unos traguitos tranquilos, bueno, casi una fiesta, en fin es un sancocho.
No estamos entrando en tantos detalles de gratis, es para que te quede bien, para que todos los invitados y hasta los paracaídas -un sancocho sin paracaídas no es sancocho- pregunten: ¿pero y quién fue que hizo el sancocho? A esos y a los que coman con gusto y anden con sus parejas en carro, tú los dejas que vuelvan todas las veces que quieran.
A los que no les dé el sabor original del sancocho clásico dominicano, hay que dejarlos tranquilos hablar, que se vayan a sentar un rato, un trago o cuatro canciones y que hablen un chin de plepla, que vuelvan ahorita, que si la receta está como es, después prueban un chin y hay que despegarlos. Hay quienes dicen que eso es culpa del ron. Ya tú sabes, que no falte ron, que es para que se vayan con gusto, que es un sancocho que estás haciendo y eso es casi un compromiso histórico entre taínos y españoles, porque están reburujadas las dos culturas con mucho gusto, y la africana también da mucho sabor a ese caldo.
Tampoco tiene que ser un aguacero de esos que no dejan ni hablar tranquilo, con mucha brisa y un montón de truenos. No ombe. Es mejor una lluvia suave, pues es un asunto de atmósfera, de ambiente, al menos por un ratico, mientras lo preparan y que después se quede templado, como dicen los españoles cuando está muy gris el cielo y con muchas nubes, como un asunto que inspira beber, que motiva relacionarse con la gente. ¿Tú me entiendes? Una lluvia que ayude a salir de este calor por un rato. Tampoco se le tiene miedo al calor, que al final aquí es que uno vive y la misma paila donde se hace concón caliente, después se rebosa de dulce frío y así está todo, bien mezclado, sí, tú me entiendes.
Pollo, cerdo y carne de res en trozos, mejor grandes que chiquitos, con hueso o sin hueso, como prefieras, y escoja la que más te guste, que haya posibilidades hasta de ser vegetariano, que en este mundo hay de todo, mientras tanto que estén ahí todas las opciones que puedas dar.
De donde soy yo, la carne de res no sólo da gusto, sino que tiene que estar reluciente siempre, aunque sea para verla, es la fundamental. Ahora bien, mejor que no tenga carne que servir un sancocho sin aguacate. Y las dos cosas son sabrosas, o sea, tiene que tener aguacate.
Que no falte longaniza y es importante también su chuletica, que dicen disque de siete carnes el sancocho, pero yo te voy a decir la verdad, yo voy tirando ahí las que aparecen, a veces son siete, a veces dos, muchas veces ninguna. Y se queda uno como “liciao” con su sabor a caldo de cilantro ancho, rebosado de agua, recordando esa vez que acabaste con un sancocho ajeno en unos palos en La Romana. Diablos, la verdad es que tú fuiste un abusador, acabar así como así con un sancocho ajeno en una fiesta de palos en La Romana, jajajaajaj, eso no tiene principio, aunque para ti tuvo muy buen final, pero eso es otra historia.

